Quieres tomar las riendas de tu vida…

Quieres tomar las riendas de tu vida, sientes que en algún momento las has perdido.

Te sientes como atrapada.

Buscas culpables. Buscas respuestas .

…pero sobre todo, buscas soluciones, porque hay momentos que sientes que ya no puedes más

… y te dicen eso de “paciencia”

… y más te desespera. Nadie sabe lo que sientes en tu interior. Lo que duele.

A veces es difícil ver la luz.

Pero recuerda:

Te lo mereces, no por nada especial, sino porque es así, todos nos lo merecemos

No idealices las relaciones con las personas, sea tu madre, tu pareja, tu compañero de trabajo…, y baja las expectativas que tienes sobre ellas.

…pero, sobre todo, no juzgues, cada un@ tiene su propio infierno

Háblale a los demás desde ti misma, no eches cosas en cara. Eso te quita fuerza y perjudica la relación, porque haces que el otro se ponga a la defensiva.

No hagas algo solo porque los demás lo esperan de ti.

Marca tus propias líneas rojas. No traicionas a nadie… bueno sí, a ti misma si no te escuchas.

Pero escucha con el corazón abierto al otro, en esos momentos difíciles nos hacen de espejo y esto puede ayudarte a darte cuenta de tus dificultades

Será cuestión de tiempo… Ser consciente de algo es el primer paso.

Poco a poco, sin prisa pero sin pausa.

Un abrazo,

Noemí

¿Cómo recuperar tu calma interior? Hacer ejercicio físico puede ser un parche

Algunas personas cuando quieren sentirse mejor anímicamente hacen ejercicio físico.

Andar, correr, hacer gimnasia, ir en bicicleta…

Esto sirve de válvula de escape, sin duda, ya que nos ayuda a segregar hormonas del bienestar.

Muchos estudios científicos nos hablan de los beneficios de no llevar una vida sedentaria.

De todas maneras, yo te diría

No confíes únicamente en el ejercicio físico para solucionar un malestar emocional instalado en ti desde hace tiempo.

Ayudar ayuda, pero puede ser también un parche.

Lo que tú deseas es calma interior, estar tranquila, en paz, con sosiego.

La respuesta es hacia adentro, no hacia afuera.

No quieres tener que ir apagando fuegos cada día. Ansías (¡porque lo sé – yo también estuve ahí!), poder levantarte cada mañana y enfocar y disfrutar el día de otra manera.

Se trata de un cambio interno y eso lo consigues conectando contigo misma y con las emociones. Escuchándote y conociéndote.

Te diría meditación, te diría yoga, te diría tai chí, te diría danza, te diría mil y una disciplinas…

Yo te digo Biodanza porque para mí fue la que me resultó más sencilla y la que más me ayudó después de haber probado muchas cosas.

Ay sí, porque cuando empiezas el camino de búsqueda, cuando quieres respuestas y volver a ilusionarte y dejar atrás vacíos, llamas a muchas puertas.

Y es que este mundo del autoconocimiento y del bienestar puede desembocar también en mucho consumismo, que si charlas en YouTube, que si libros de autoayuda, que si cursos, que si masajes, que si blogs, que si charlas TEDs… 

Yo sentía que la mente me dominaba, que entraba en bucles mentales que me hacían mucho daño. Necesitaba descansar la mente y abandonar ese buscar fuera de mí.

Me sentía sola (un sola difícil de explicar), frustrada por el trabajo, encerrada en mí misma, somatizando con dolores musculares y con un desasosiego constante…

Todo ello aderezado con una buena dosis de culpabilidad y rabia por no haber hecho las cosas de otra manera con mi hijo o por no ser capaz de cambiar según qué cosas en el presente.

…y llegó el día en que aquella publicidad sobre una clase gratuita de biodanza llegó a mi buzón, sí al buzón de casa, aquellos tiempos jeje. Y me decidí.

Ay qué vergüenza pensaba yo, bailar delante de gente que no conozco.

Acabé la primera clase sintiéndome mejor, pero con un runrún mental… suerte que volví.

Sentía muchas reticenciasResistencias al cambio, a empezar a sentir las emociones que estaban detrás de la coraza, a ir abriéndome y a volver a confiar en la gente…

Quería cambiar, quería encontrar el equilibrio personal-familiar, quería cuidarme, porque sabía que si yo estaba bien esto beneficiaría también a mi entorno, quería disfrutar de las pequeñas cosas sin necesidad de buscar el famoso propósito de vida (aunque también lo busqué… para darme cuenta que ya está ahí).

Quería encontrar mi rumbo, tomar las riendas, y permitirme soñar después de tantos años con la losa autoimpuesta de niña responsable.

…y poquito a poco fue apareciendo Noemí. Y ahí sigo, descubriéndome y acompañándome.

La Biodanza propone un trabajo de hormiguita, pero perdurable en el tiempo, que te ayuda a dejar de consumir información, que a veces incluso llega a paralizarte y frustrarte más, y a sentirte bien por dentro, ser tú misma, liberarte de tantos y tantos bloqueos y cosas reprimidas y vivir desde el placer, desde el disfrute.

¿Te vienes?

Seguimos con las clases grupales (aquí tienes toda la información) y también con las consultas individuales de coaching en movimiento. 

Con mil ganas de contarte cositas nuevas que llegarán con la primavera.

Cómo no tirar la toalla en momentos difíciles y salir fortalecida

No desfallezcas.

Tirar del carro a veces puede ser cansado.

Como dicen los ingleses, “where there is a Will, there is a way”, algo así como que “donde hay una voluntad, hay un camino”.

  1. Vete aclarándote sobre lo que quieres, adónde quieres llegar, sin grandes objetivos paralizantes, algo formulado de manera sencilla y concreta que se convierta en tu faro y el por qué “ilusionante”, que te ayude a avanzar.
  2. Considera el corto, medio y largo plazo y ten muuuucha paciencia
  3. Vete tomando acciones que puedan contribuir al cambio deseado, no tienen por qué ser perfectas, no le des mil vueltas, nunca tendrás la seguridad absoluta de nada.
  4. No te compares con los demás, cada uno tiene su ritmo y su historia de vida que le ha llevado hasta el momento actual. Si quieres un cambio perdurable, tiene que venir de tu interior, no ser una copia barata de otr@s.
  5. Sé realista con la situación, respeta los tempos, hay cosas que simplemente no pueden darse de inmediato.
  6. Nutre con mucha ilusión y amor tus proyectos, tanto personales como profesionales. Siéntelos en tu corazón, déjalos crecer como una pequeña semilla y disfruta de cada paso, tanto si es hacia delante como “aparentemente” hacia atrás (ya sabes eso de que a veces reculamos para coger más fuerza).
  7. Escucha a tu cuerpo, ¿qué te va diciendo sobre el proceso, sobre el camino? ¿qué emociones sientes? Lo ideal es que tu cuerpo, tu mente y tu corazón vayan a una.
  8. Suelta el control, pon una intención, una dirección, pero déjalo en manos de la vida. Te irá guiando.

…y, sobre todo, disfruta del camino con entusiasmo (sé que es un lugar común, pero realmente ¿de qué se trata la vida?, de eso, ¿no?), disfruta de todo lo que te trae, de cada aprendizaje, de cada persona que te encuentras, de cada oportunidad que se abre, de todo lo que descubres sobre ti, en momentos difíciles tiramos de donde no hay… y esto nos permite dar lo mejor de nosotr@s mism@s.

Y felicítate por todo lo recorrido, el camino se hace a pasitos y ya sabes eso de que después de un día de tormenta siempre sale el sol.

Un fuerte abrazo